domingo, junio 14, 2015

BIRDMAN: LA LOCURA CONTRA LAS PELÍCULAS COMIC



Por Jorge Ladino Gaitán Bayona.
Profesor de Literatura de la Universidad del Tolima.
jlgaitan@ut.edu.co




Edgar Allan Poe, el escritor norteamericano que  convirtió las obsesiones y desordenes de la mente en bases del cuento moderno, advirtió a sus lectores: “La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia” (2006, p. 405).  Este artículo tiene en cuenta la locura no en su condición de patología, sino como variable de la lucidez y del espíritu crítico. Inútil la etiqueta de esquizofrénico para capturar a Riggan Thomson, el  personaje magistralmente interpretado por Michael Keaton en Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (2014), ganadora de múltiples reconocimientos, entre ellos los Premios Oscar a mejor película, director, guión original y fotografía. Todo lo contrario, cuando Riggan Thomson deja de ser él  y permite que a través suyo se escuche la voz de Birdman -el superhéroe interpretado por él tiempo atrás- la palabra adquiere un vuelo inesperado porque arroja todos sus dardos contra las películas basadas en comic. En la mayoría de cintas del nuevo milenio, la verosimilitud es acribillada por el brillo inocuo de los efectos especiales, los guiones son truculentos, la ficción no saca a la luz los grandes conflictos y pasiones de la condición humana. Pocos largometrajes de este tipo rompen con el lugar común, van más allá de la típica lucha del bien contra el mal, desestabilizan el concepto de héroe y priorizan la historia en vez de las escenas de acción. Contadas son las excepciones, quizás la trilogía de Batman, de Cristopher Nolan,  o Watchmen, dirigida por Zack  Snyder.

Muchos espectadores que ingresaron a las salas de cine para ver Birdman no pasaron de la media hora y abandonaron los recintos porque no acontecía nada de lo esperado: explosiones, crímenes, persecuciones, efectos… Algunos afiches prometían lo mismo de otras películas comic, pero, en realidad, eran bellas emboscadas. La cinta de Alejandro González Iñárritu no está para homenajear al género sino para ofrecer una diatriba. Los amantes del séptimo arte terminan amando la propuesta estética del director mexicano y con una sensación de asco por todos los Ironman, Vengadores, Thor, Hombres increíbles, entre otros. En lugar de las calles y espacios abiertos, el escenario privilegiado por Iñárritu es la conciencia atormentada de Riggan, un “ego ficcional” (Kundera, 2004, p. 97) con demasiado parecido al actor que lo encarna, Michael Keaton. Sobre este último pesa un curioso exilio en las pantallas. El espectáculo no le perdona caracterizar personajes distintos a Batman, luego de protagonizarlo en las dos películas de Tim Burton. Análogamente Riggan es un actor que lucha por hacer teatro y Hollywood lo ha marginado por rechazar la cuarta parte de la saga del superhéroe.

En Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, la personalidad de Riggan se trastoca cuando abandona las tablas de una obra teatral basada en “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, un cuento de Raymond Carver. En la soledad ritual de su camerino emerge de su interior Birdman, el héroe que lo hizo famoso. El hombre pájaro vuelve a él para dominarlo en el teatro de su vida. Curiosa paradoja: un actor veterano renunció para siempre a seguir siendo Birdman en el cine, pero su personaje nunca renunció a él, ha opacado a su propio creador y la única liberación es la muerte. Birdman quiere volver a las pantallas y, mientras tanto, se burla de los comic llevados al cine en la actualidad.  Gracias a su humor negro e ironía, se despiertan juicios de valor en torno a cómo Robert Downey Jr. prostituyó su carrera al repetir las ridículas películas donde interviene el héroe de Marvel: “Ese payaso no tiene ni la mitad de tu talento y está ganando una fortuna con ese disfraz de Hombre de Hojalata. Nosotros fuimos los verdaderos, Riggan. Lo teníamos todo. Lo dejamos ir. Les entregamos a estos embusteros las llaves del reino. ¿Me estás escuchando?”.

 ¿Cómo no recordar los ácidos versos de Francisco de Quevedo?: “Poderoso caballero es don Dinero” (1987, p. 32). Ante los mandatos de Hollywood y la tentación de millones de dólares, innumerables artistas sacrificaron sus convicciones éticas y estéticas. Quienes alguna vez brillaron por encarnar personajes trágicos dejaron atrás la belleza y los desafíos actorales. Se estancaron en la comodidad de las fórmulas trilladas de las películas comic, donde la cursilería, los exagerados efectos  computarizados, los chistes tontos y los finales traídos de los cabellos rompen la verosimilitud. Natalie Portman conmocionó al mundo en su papel de artista capaz de entregar su vida en aras de la belleza - El cisne negro -pero rápidamente cayó en el dulzón papel de científica enamorada en las pésimas películas de Thor. ¿Cómo perdonar a Halle Berry su Gatubela o a  Nicolas Cage su Ghost Rider ¿Cuántos renunciaron a ser verdaderos actores y actrices para ser solamente estrellas? ¿Cuándo olvidaron el cine en su condición de séptimo arte? 

Junto al ostracismo impuesto por Hollywood a quienes se resisten a repetir papeles taquilleros está la crueldad de la prensa contra los que cambian las pantallas de cine por las tablas del teatro. La película del director mexicano muestra a una crítica del espectáculo profundamente feroz, al acecho, merodeando las tabernas donde los artistas olvidan sus tribulaciones. Hacia ella dirige su malestar Mike Shiner (protagonizado por Edward Norton), uno de los actores en la obra en la cual Riggan protagoniza, dirige y produce: "Un hombre se convierte en crítico cuando no puede ser artista, así como se convierte en informante cuando no puede ser soldado". Lo dijo Flaubert, ¿no?”.


Poco a poco pasan al olvido las secuencias sugestivas, los diálogos trascendentes y las cámaras que captaban esos pequeños gestos en los cuales habitaban las tensiones de la existencia. Para las productoras norteamericanas, la inesperada virtud de la ignorancia en las películas basadas en comics es la taquilla y los derechos de imagen por la publicidad en alimentos chatarra. Tal como Bidman reconoce a Riggan, lo fundamental son los tiroteos y las destrucciones de ciudades: “Dale a la gente lo que quiere: pornografía clásica y apocalíptica […]  Les brillan los ojos. Adoran esta mierda. Adoran la sangre, adoran la acción. No esta basura habladora, deprimente, filosófica”.  La profunda genialidad de Iñárritu y su equipo de guionistas –Nicolás Giacobone, Armando Bo y Alexander Dinelaris, Jr- es tornar en cualidades estéticas lo que no haría una película convencional al estilo del universo Marvel: “habladora, deprimente, filosófica”.  Birdman ahonda en el tema del fracaso e instaura en la escena la lúcida locura de alguien que fue superhéroe y lucha contra el estereotipo. En vez del vértigo de las secuencias de acción, prima la lentitud ritual de las digresiones y los plano secuencia; en lugar de la “pornografía apocalíptica”, las insinuaciones y largos silencios donde el espectador rumea el desencanto del protagonista. Definitivamente, como bien lo resalta Pablo  Scholz en una de sus columnas para El Clarín, “el sendero poético es clave en Birdman, esa mezcla de sátira al show business y al mundo de la actuación, a Hollywood, y a los críticos” (2015).


Referencias

Kundera, M. (2004). El arte de la novela. Barcelona: Tusquets Editores.

Poe, E. A. (2006). Miscelánea. Buenos Aires: Editorial Claridad.
Quevedo, F. (1987). Poemas escogidos. Madrid: Clásicos Castalia. 
Scholz, P. (11 de Febrero de 2015). Birdman: Como te ven, te tratan. El Clarín. Recuperado de: http://www.clarin.com/extrashow/cine/Birdman-Crotica_de_cine-Alejandro_Gonzalez_Inarritu-Michael_Keaton_0_1302469782.html

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Para citación:

Gaitán Bayona, J.L. (2015). Birdman: la locura contra las películas comic. Candilejas, Revista Cinema Itinerante. Semestre A de 2015, volumen No. 3, No. 5.,Universidad del Tolima, p.p. 4-6.