martes, agosto 18, 2015

Nelson Romero Guzmán: Premio Nacional de Poesía 2015 del Ministerio de Cultura


Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
(Profesor de Literatura de la  Universidad del Tolima)




Nelson Romero Guzmán, profesor de la Universidad del Tolima e integrante del Grupo de Investigación en Literatura del Tolima, fue anunciado el martes 18 de Agosto  como ganador del Premio Nacional del Ministerio de Cultura 2015 a mejor libro de poemas publicado entre el 1 de enero de 2013 y el 31 de diciembre de 2014. El reconocimiento fue otorgado a Música Lenta (2014).  Sin duda es un año dorado en el periplo estético del poeta tolimense. En Enero su poemario Bajo el brillo de la luna mereció el  Premio Casa de las Américas en su edición 56, cuyo fallo unánime se dio en La Habana, Cuba.

Nelson Romero Guzmán (Ataco, Tolima, 1962)  es una de las principales voces de la lírica colombiana. Previamente había obtenido: Premio Nacional de Poesía Fernando Mejía Mejía (1992); Concurso Nacional Universitario de Poesía Euclides Jaramillo (1998); Beca de Creación del Fondo Mixto de Cultura del Tolima (1999); Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia (1999); y Premio Nacional de Literatura –modalidad poesía- del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Bogotá (2007). 

Entre sus libros de poesía se encuentran: Días sonámbulos (1988), Rumbos (1993), Surgidos de la luz (2000), Grafías del insecto (2005), La quinta del sordo (2006), Obras de mampostería (2007), Apuntes para un cuaderno secreto (con la mexicana Kenia Cano, 2011). Su libro Surgidos de la luz fue traducido al inglés por el poeta húngaro Andrés Berger Kiss bajo el título Sprung from the light. Junto a sus libros de poesía figuran también varias publicaciones en ensayo. En coautoría se encuentra La poética y narrativa tolimense (2000), junto a Libardo Vargas Celemín y Luis Eduardo Gutiérrez. A nivel individual figuran sus libros: El espacio imaginario en la poesía de Carlos Obregón (2012) y El porvenir incompleto, tres novelas históricas colombianas (2012).

Música lenta (2014), ganador del Premio Nacional de Poesía 2015 del Ministerio de Cultura, es uno de nueve libros de la Colección Letras de la Fundación Arte es Colombia (coordinada por Francia Escobar de Zárate), donde figuran también los poetas Juan Manuel Roca, Horacio Benavides, Rómulo Bustos Aguirre, Andrés Matías, Alfredo Vanín, María Clemencia Sánchez, Jotamario Arbeláez y Jaime García Maffla. 

En Música lenta, Nelson Romero Guzmán no hace una oda convencional del arte y de las posibilidades curativas de la catarsis.  Por el contrario, habla de la escritura como condena, de insomnios que desangran extrañas visiones, demonios que agobian y nunca es posible el exorcismo.  La literatura deja de ser una “forma de la felicidad” (como decía Jorge Luis Borges) para convertirse en castigo de quien intenta con palabras matar una obsesión. El poeta juega a atacar la literatura, se mofa, incluso, de su propia figura.  Inventa un prólogo donde, desde la muerte, Silvia Platt se dirige al escritor tolimense:  “Quien escribe como tú, arruina. Se le debe prohibir la imprenta, escondérsele todo el papel. Mas no te enojes, no por eso la poesía te niega, aunque tú la traiciones. Ella te cose con hilo la cicatriz de los párpados []Nelson, te lo pido, no escribas más, nunca te leerán. Déjame descansar en paz” (Romero Guzmán, 2014, p.p. 9-10). En ese disfrute de las delicias de la crueldad y de representar la aventura de la escritura, el poeta usa varias máscaras para ser, por un rato, Jean Genet, Antonin Artaud e Isidore Lucien Ducasse (Conde de Lautréamont). 

El poeta sobresale por su capacidad de poetizar despojándose de la camisa de fuerza de los géneros literarios. Varios de sus poemas cuentan historias y, frecuentemente, hacen digresiones sobre la literatura. Sus versos van más allá del artificio de la imagen puesto que refiguran las angustias y satisfacciones del arte.  Las piedras y su abecedario religioso se exploran en Obras de mampostería. Las modalidades de escritura de hormigas, polillas, mariposas y otros minúsculos animales se encuentran en Grafías del insecto. Los símbolos pictóricos y las cartas de Vincent Van Gogh a su hermano Théo se reinventan en Surgidos de la luz.  Goya, sus brujas y oscuras criaturas se deslizan en La quinta del sordo. En definitiva, la obra de Romero Guzmán es  rica en intensidades, máscaras, voces y hechos que llevan la imaginación al límite de la belleza.


Referencia

Romero Guzmán, N. (2014). Música lenta. Bogotá: Fundación Arte es Colombia.

domingo, junio 14, 2015

BIRDMAN: LA LOCURA CONTRA LAS PELÍCULAS COMIC



Por Jorge Ladino Gaitán Bayona.
Profesor de Literatura de la Universidad del Tolima.
jlgaitan@ut.edu.co




Edgar Allan Poe, el escritor norteamericano que  convirtió las obsesiones y desordenes de la mente en bases del cuento moderno, advirtió a sus lectores: “La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia” (2006, p. 405).  Este artículo tiene en cuenta la locura no en su condición de patología, sino como variable de la lucidez y del espíritu crítico. Inútil la etiqueta de esquizofrénico para capturar a Riggan Thomson, el  personaje magistralmente interpretado por Michael Keaton en Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (2014), ganadora de múltiples reconocimientos, entre ellos los Premios Oscar a mejor película, director, guión original y fotografía. Todo lo contrario, cuando Riggan Thomson deja de ser él  y permite que a través suyo se escuche la voz de Birdman -el superhéroe interpretado por él tiempo atrás- la palabra adquiere un vuelo inesperado porque arroja todos sus dardos contra las películas basadas en comic. En la mayoría de cintas del nuevo milenio, la verosimilitud es acribillada por el brillo inocuo de los efectos especiales, los guiones son truculentos, la ficción no saca a la luz los grandes conflictos y pasiones de la condición humana. Pocos largometrajes de este tipo rompen con el lugar común, van más allá de la típica lucha del bien contra el mal, desestabilizan el concepto de héroe y priorizan la historia en vez de las escenas de acción. Contadas son las excepciones, quizás la trilogía de Batman, de Cristopher Nolan,  o Watchmen, dirigida por Zack  Snyder.

Muchos espectadores que ingresaron a las salas de cine para ver Birdman no pasaron de la media hora y abandonaron los recintos porque no acontecía nada de lo esperado: explosiones, crímenes, persecuciones, efectos… Algunos afiches prometían lo mismo de otras películas comic, pero, en realidad, eran bellas emboscadas. La cinta de Alejandro González Iñárritu no está para homenajear al género sino para ofrecer una diatriba. Los amantes del séptimo arte terminan amando la propuesta estética del director mexicano y con una sensación de asco por todos los Ironman, Vengadores, Thor, Hombres increíbles, entre otros. En lugar de las calles y espacios abiertos, el escenario privilegiado por Iñárritu es la conciencia atormentada de Riggan, un “ego ficcional” (Kundera, 2004, p. 97) con demasiado parecido al actor que lo encarna, Michael Keaton. Sobre este último pesa un curioso exilio en las pantallas. El espectáculo no le perdona caracterizar personajes distintos a Batman, luego de protagonizarlo en las dos películas de Tim Burton. Análogamente Riggan es un actor que lucha por hacer teatro y Hollywood lo ha marginado por rechazar la cuarta parte de la saga del superhéroe.

En Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, la personalidad de Riggan se trastoca cuando abandona las tablas de una obra teatral basada en “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, un cuento de Raymond Carver. En la soledad ritual de su camerino emerge de su interior Birdman, el héroe que lo hizo famoso. El hombre pájaro vuelve a él para dominarlo en el teatro de su vida. Curiosa paradoja: un actor veterano renunció para siempre a seguir siendo Birdman en el cine, pero su personaje nunca renunció a él, ha opacado a su propio creador y la única liberación es la muerte. Birdman quiere volver a las pantallas y, mientras tanto, se burla de los comic llevados al cine en la actualidad.  Gracias a su humor negro e ironía, se despiertan juicios de valor en torno a cómo Robert Downey Jr. prostituyó su carrera al repetir las ridículas películas donde interviene el héroe de Marvel: “Ese payaso no tiene ni la mitad de tu talento y está ganando una fortuna con ese disfraz de Hombre de Hojalata. Nosotros fuimos los verdaderos, Riggan. Lo teníamos todo. Lo dejamos ir. Les entregamos a estos embusteros las llaves del reino. ¿Me estás escuchando?”.

 ¿Cómo no recordar los ácidos versos de Francisco de Quevedo?: “Poderoso caballero es don Dinero” (1987, p. 32). Ante los mandatos de Hollywood y la tentación de millones de dólares, innumerables artistas sacrificaron sus convicciones éticas y estéticas. Quienes alguna vez brillaron por encarnar personajes trágicos dejaron atrás la belleza y los desafíos actorales. Se estancaron en la comodidad de las fórmulas trilladas de las películas comic, donde la cursilería, los exagerados efectos  computarizados, los chistes tontos y los finales traídos de los cabellos rompen la verosimilitud. Natalie Portman conmocionó al mundo en su papel de artista capaz de entregar su vida en aras de la belleza - El cisne negro -pero rápidamente cayó en el dulzón papel de científica enamorada en las pésimas películas de Thor. ¿Cómo perdonar a Halle Berry su Gatubela o a  Nicolas Cage su Ghost Rider ¿Cuántos renunciaron a ser verdaderos actores y actrices para ser solamente estrellas? ¿Cuándo olvidaron el cine en su condición de séptimo arte? 

Junto al ostracismo impuesto por Hollywood a quienes se resisten a repetir papeles taquilleros está la crueldad de la prensa contra los que cambian las pantallas de cine por las tablas del teatro. La película del director mexicano muestra a una crítica del espectáculo profundamente feroz, al acecho, merodeando las tabernas donde los artistas olvidan sus tribulaciones. Hacia ella dirige su malestar Mike Shiner (protagonizado por Edward Norton), uno de los actores en la obra en la cual Riggan protagoniza, dirige y produce: "Un hombre se convierte en crítico cuando no puede ser artista, así como se convierte en informante cuando no puede ser soldado". Lo dijo Flaubert, ¿no?”.


Poco a poco pasan al olvido las secuencias sugestivas, los diálogos trascendentes y las cámaras que captaban esos pequeños gestos en los cuales habitaban las tensiones de la existencia. Para las productoras norteamericanas, la inesperada virtud de la ignorancia en las películas basadas en comics es la taquilla y los derechos de imagen por la publicidad en alimentos chatarra. Tal como Bidman reconoce a Riggan, lo fundamental son los tiroteos y las destrucciones de ciudades: “Dale a la gente lo que quiere: pornografía clásica y apocalíptica […]  Les brillan los ojos. Adoran esta mierda. Adoran la sangre, adoran la acción. No esta basura habladora, deprimente, filosófica”.  La profunda genialidad de Iñárritu y su equipo de guionistas –Nicolás Giacobone, Armando Bo y Alexander Dinelaris, Jr- es tornar en cualidades estéticas lo que no haría una película convencional al estilo del universo Marvel: “habladora, deprimente, filosófica”.  Birdman ahonda en el tema del fracaso e instaura en la escena la lúcida locura de alguien que fue superhéroe y lucha contra el estereotipo. En vez del vértigo de las secuencias de acción, prima la lentitud ritual de las digresiones y los plano secuencia; en lugar de la “pornografía apocalíptica”, las insinuaciones y largos silencios donde el espectador rumea el desencanto del protagonista. Definitivamente, como bien lo resalta Pablo  Scholz en una de sus columnas para El Clarín, “el sendero poético es clave en Birdman, esa mezcla de sátira al show business y al mundo de la actuación, a Hollywood, y a los críticos” (2015).


Referencias

Kundera, M. (2004). El arte de la novela. Barcelona: Tusquets Editores.

Poe, E. A. (2006). Miscelánea. Buenos Aires: Editorial Claridad.
Quevedo, F. (1987). Poemas escogidos. Madrid: Clásicos Castalia. 
Scholz, P. (11 de Febrero de 2015). Birdman: Como te ven, te tratan. El Clarín. Recuperado de: http://www.clarin.com/extrashow/cine/Birdman-Crotica_de_cine-Alejandro_Gonzalez_Inarritu-Michael_Keaton_0_1302469782.html

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Para citación:

Gaitán Bayona, J.L. (2015). Birdman: la locura contra las películas comic. Candilejas, Revista Cinema Itinerante. Semestre A de 2015, volumen No. 3, No. 5.,Universidad del Tolima, p.p. 4-6.  



lunes, mayo 18, 2015

ESTADO DE COMA

Los poemas que siguen a continuación son tomados del libro Estado de coma, de Jorge Ladino Gaitán Bayona, editado en Ibagué por la Universidad del Tolima en 2015.







 FICHA DE INGRESO



Nombre: Esperanza.
Edad: desconocida.
Condición: estado de coma.



LA SOMBRA DEL ANCIANO



La sombra del anciano junta sus manos.
Pocos días en sus pulmones.
Antes del fin una ofrenda:
Esperanza en coma,
apostar quién muere primero.

La sombra piensa:
"Nos decían que eras verde y tienes color de noche en vela,
de saber cuántos te esperan y no caminar.
Te prestaría la silla de ruedas que nadie empuja,
el grito y la súplica de un tiro de gracia". 



EL MAR SUEÑA TUS CENIZAS



El mar sueña tus cenizas.
Sus olas cuentan los segundos.
Pondrá tu nombre donde las aguas niegan los peces.
Recuerda tus infamias,
la infección en tus labios
y el terror de los flagelantes en la Peste Negra.
La danza macabra alargó la noche y el insomnio de peregrinos.
Saltabas con las pulgas de rata en rata,
de casa en casa,
de barco en barco.

No parabas de reír,
no quedaba tierra para tanto muerto.
Vestías de bufón y confundieron tu verde 
con el traje de la redención. 
Nada aclaraste y te ofrendaron poemas.



LABIOS DE PROFETAS



Labios de profetas sangran en espejos.
Conjurados por el silencio en cristales del abismo,
lejos de la palabra y sus acantilados.

Volver a la desnudez del trueno,
a la piedra, 
vientre del camino.

La herida será sólo herida, no semilla de parábolas.
La muerte sólo muerte,
acaso lucidez de la tierra.



LA TIERRA TREPA



La  tierra trepa árboles 
y canta el vuelo de sus pájaros,
las raíces olvidan el miedo a las alturas,
de nuevo a lomo de nubes,
de salto en salto,
de risa en lluvia.

Una  gota de cielo resbala del girasol
y el mundo nace puro de nuevo.

La hierba moja sus labios,
espasmo de hormigas,
deseo y ofrenda.

Las hojas celebran y susurran:
nadie más difamará el verde y su pureza,
Esperanza ha muerto;
malditos los minutos de silencio,
apenas uno negro, 
color de sus entrañas.

domingo, abril 26, 2015

ESTADO DE COMA DE JORGE LADINO, UN SOLFEO ENTRE EL VERDE Y EL NEGRO


Por Nelson Romero Guzmán
Premio Literario Casa de las Américas 2015, Poesía.
Profesor de la Universidad del Tolima, Colombia.



“No nos quedan más comienzos”. Con esta frase apocalíptica George Steiner inicia su libro  Gramática de la creación (2011). Su centro de reflexión es el absurdo y la paradoja de la esperanza en las utopías, a partir de los movimientos de progreso y de decadencia del siglo XX. Al cansancio de ese siglo le llama “la cronometría interior” que sólo ha revelado en la cultura occidental “fascinaciones por el ocaso”. Decrepitud, mortalidad, masacre, bestialización, “eclipse de lo mesiánico”, encierran los signos de una “oscura condición en la gramática”, pues “la esperanza y el temor son supremas ficciones potenciadas por la sintaxis” (p.16). Y es que Steiner entiende la gramática como una condición inherente al Homo sapiens que lo emparenta con un sueño del futuro, ya que las partículas potenciales del verbo “ser” como “-erá”, “-ería” y “si”, son claves de la esperanza (p. 16). Así la teología, el arte, el marxismo, la filosofía platónica e incluso el cartesianismo, vienen a convertirse una “gramatología” de la esperanza. Una esperanza que ha venido perdiendo su aura de salvación, su fe en el comienzo y significado para el hombre. De ahí el enunciado contundente del escritor francés: “no nos quedan más comienzos”.

El presente libro de Jorge Ladino Gaitán Bayona esconde en su trasfondo un relato trágico: el de la muerte de la Esperanza que la ficción poética anuncia desde su llegada al hospital. Por eso el primer poema se declara una “Ficha de ingreso” con los datos de la moribunda:


Nombre: Esperanza.
Edad: desconocida.
Condición: estado de coma.


Luego de elaborada esta ficha de ingreso, Esperanza (personificación de la esperanza), es conducida a la sala de cuidados intensivos donde es víctima de prácticas sexuales por parte del enfermero, quien ya en el segundo poema se encarga no sólo de hacernos este relato descarnado, sino el de ubicarnos en ese hospicio donde permanecen quienes se encuentran en estado de postración. Con esta primera escena del ingreso se nos está pintando un retablo del infierno. Lo que sigue es una danza macabra de sombras, seres en agonía y atmósferas oscuras alrededor del estado de coma de la paciente, quien desde su propia conciencia alucinada por el dolor reconstruye los episodios más duros de la humanidad, que a través de las guerras y las pestes, vio incumplidas sus deseos. Por eso, el libro Estado de Coma hace un ajuste de cuentas con los sueños del mañana y la muerte de la utopía como opción de libertad del hombre del presente que se obstina por obtener respuestas de lo inmediato. Pero, sobre todo, el libro hace un relato poético valiéndose de la alegoría como recurso para dar vida a la esperanza (los sueños que aspiramos ver cumplidos), convertida ahora en Esperanza, mujer decrépita alucinando en el hospital, exiliada en su propia soledad, abusada por un enfermero, objeto de la burla y la ironía por parte de los demás enfermos, en fin, una paciente en perfecto estado de coma.

Este relato poético está marcado por indicios bien precisos en su composición que ayudan a resignificar la intención del libro. Así, el autor recurre a una distribución de los apartados que por sí solos nos señalan el espacio preciso donde tiene suceso el drama final de Esperanza: La ficha de ingreso como registro y antesala, el primer subtítulo “Puertas adentro” como la entrada de a moribunda a sala de cuidados intensivos, el segundo subtítulo “Puertas afuera” como un memorial de las tragedias de la humanidad, y el tercer subtítulo “Puertas adentro y afuera” como la muerte de Esperanza.  El final del libro tiene un cierre sorprendente a partir del uso vanguardista de un rectángulo negro en mitad de la página, como ícono poético para sugerir visualmente la idea de la muerte; color negro que es el minuto de silencio con el que cínicamente la naturaleza celebra el ocaso de Esperanza, quien durante siglos difamó su verde. Luego se le iza una bandera blanca en la cama, creando una bella sugerencia de contraste entre el código visual y verbal. Entonces podemos hablar de un libro que también propone una lectura desde sus símbolos secretos. Así es como Estado de coma tiene un inicio contundente, unos intermedios que lo complementan y una simbología de la muerte que marca su cierre. Estos recursos expresivos hacen dueño al conjunto de los poemas de una composición poética propia. A propósito, Mijail Bajtin en su ensayo “Estética de la creación verbal” (1998), se refiere a tres momentos claves de enunciación que pueden aplicarse a una obra artística: el contenido temático, el estilo y la composición. Este último rasgo, el de la composición, es al que se recurre con más frecuencia en la novela desde Cervantes y escasamente lo hace la poesía. Este hacer hablar al texto desde su organización intencional, es asunto que también incumbe a la creación, además que un libro así le crea unas mayores resonancias de sentido a la lectura si el lector las sabe aprovechar para hallar las claves de su propuesta temática y disfrutar de un significado mucho más enriquecedor.

Sin embargo, la temática por sí sola es lo que menos debe interesarle a un lector de poesía; es el lenguaje y sus sugerencias poéticas lo que en últimas viene a darle forma al significado, a la emoción estética, a la reflexión y a todos los registros verbales sonoros, metafóricos o simbólicos en la lectura.  En el caso de Jorge Ladino, como ya se dijo, también cuenta la manera como el poeta entrelaza los elementos de su composición para armonizarlos con el conjunto interno de los poemas. Digamos mejor que cada autor hace distintos los mismos temas en poesía o en cualquier expresión del arte, que en esencia no han cambiado mucho desde Homero hasta hoy. Así George Steiner en su Gramática de la creación, desde una escritura literaria de tono elegiaco con legado filosófico, da su propio testimonio del poder que tiene el hombre de soñar con el futuro a partir de una gramática que también da cuenta del “estado de coma” de los credos hasta el siglo XX; la literatura y en general las producciones artísticas no han hecho más que forjar los diálogos ocultos de las culturas en el tiempo, desde el inconsciente de la creación. Mi mención a Steiner no es bajo ninguna circunstancia forzosa para leer  este libro de Jorge Ladino, sino un capricho de azar y una manera de conectarse cada lector con sus referentes propios en un campo intertextual.

En otro escala de lectura de Estado de coma, Jorge Ladino Gaitán acogió en el poema a la paradoja como mirada apocalíptica para tejer desde la Esperanza un relato desesperanzador: el de su muerte, como la muerte de Dios en Nietzsche y el fin de la metafísica.  Por la forma como la esperanza muere en el libro Estado de coma,  es sintomática la pérdida de su aura sagrada, de su ideal de salvación, pues los valores que forjaron la modernidad se encuentran en estado de coma dado el proyecto inconcluso y fracasado de las utopías y el ocaso de la creencias. De ahí estos versos: “Los profetas caen de las torres”. Ante este vacío, el enfermero se convierte en el héroe caído de un erotismo mundano, ocupando el sitio del hombre posmoderno que perdió la fe en un Ideal y su capacidad de fantasear con lo por-venir. Entonces, al sentirse burlado por los incumplimientos de la Esperanza a lo largo de los siglos, la somete a la injuria de sus apetitos carnales en una sala de cuidados intensivos, para así atestiguar su muerte física y moral. De ahí que resulte claro su amordazamiento sexual en el poema VI: “A medianoche, / un enfermero con cremallera abierta, / apaga la luz y todo pasa sin saberse”. En ese sentido, este libro es una respuesta poética visceral, limítrofe de la muerte a las preguntas planteadas hoy por la filosofía posmoderna y apocalíptica de “la muerte del aura”. En adelante es la Naturaleza la que vuelve alzar su trono en medio de las ruinas de la Esperanza. Ella es la encargada de anunciarnos su final en el antepenúltimo poema del libro: “Nadie más difamará el verde y su pureza, / Esperanza ha muerto”. Lo que sigue es la blasfemia a su ritual mortuorio.

Abordado más de cerca el asunto de este libro, tenemos que el creador de estos textos ha recurrido al escenario de los agonizantes (el hospital) como territorio de la enfermedad, la degradación, el suplicio y la muerte; a la vez se crean otros escenarios en el que se incrustan pequeños relatos que le otorgan fisonomía poética el libro. No sólo se da el encuentro con el enfermero, sino con la sombra del viejo agonizante con quien la Esperanza entra en un diálogo desafiante. El clima creado en el hospital es el de un mundo de espectros donde el viejo y la Esperanza entran en juego con su propia desgracia, apostando a quién muere primero. La sombre del viejo le habla en burlas a su compañera paralítica, entregándole la silla de rueda “que nadie empuja”, además de retarla a morir: “Nos decías que eres verde y tienes color de noche en vela, / de saber cuántos te esperan y no caminar. / Te prestaría la silla de ruedas que nadie empuja, / el grito y la súplica de un tiro de gracia”.

Está también la partida del “último ajedrez” donde “Esperanza perdió sus torres y caballos”. Los demás microcosmos poéticos en torno a la esperanza se van entrecruzando para reconstruir la memoria de las tragedias: los naufragios históricos, los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, las muertes por Peste Negra, los motines de las cruzadas, el llanto de las madres en la Plaza de Mayo, etc.  Pero también el fútbol como un detonante de la violencia: “Cada guerra te sabía a Mundial”. El último solfeo de la esperanza es la “música verde para idiotas”. También el libro se matiza con otras muertes metafóricas como la de la poesía misma (el sueño frustrado de las vanguardias de inicios del siglo XX) y del poeta romántico que prefiguró la modernidad: “Tarde o temprano / los poemas de amor avergüenzan a sus dueños”. Otros, los hijos de la esperanza que perdieron su retorno a casa, ya sean aquellos que renunciaron a sus sueños: “los hijos bobos vuelven a casa para siempre” (XIII), o los que fueron derrotados por la muerte: “algunos hijos vuelven en cofres silenciosos” (XV).

El último episodio de este solfeo entre el verde y el negro, corresponde a la muerte de la Esperanza: “Nunca Esperanza imaginó este hospital”. Su muerte es descrita en forma casi realista, como correspondería a  un informe: “Bostezo de aguja en la muñeca. / Los cables se deslizan por la boca como serpientes. / La cama y la silla meditan la escena” (VI). Estado de coma, del poeta Jorge Ladino Gaitán Bayona, no podría ser otro que un libro de los finales, el término al que ha llegado el hombre de inicios del siglo XXI envilecido por la esperanza, la que ve morir con todas sus promesas.



Referencias

Steiner, G. (2011). Gramática de la creación. Madrid: Ediciones Siruela.

Gaitán Bayona, J. (2015). Estado de coma. Ibagué: Universidad del Tolima.


IMAGEN DE CARÁTULA: “Utopía en verde ocaso”, óleo sobre lienzo de Diego Fernando Céspedes.

lunes, marzo 30, 2015

DEL SILENCIO Y OTRAS MUERTES EN LA NARRATIVA DE PATRICK MODIANO, PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2014

Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
 Profesor de Literatura de la Universidad del Tolima, Colombia
jlgaitan@ut.edu.co










El silencio no siempre es la muerte del lenguaje. Muchas veces dice más que las palabras. Está cargado de misterio, peligro y protesta. Su ubicación estratégica en un texto literario puede elevarlo a planos sugestivos de la belleza y evitar los lugares comunes, melodramas y burdos lamentos, a la vez, obliga al lector a llenar de sentidos lo que el autor ha ocultado. Antón Chejov resalta: «Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al relato» (2005, p. 11). Ernest Hemingway señala en sus reflexiones sobre el principio del iceberg en la literatura: “En una narración vale tanto lo que se dice como lo que se calla” (2002, p. 28). Franz Kafka advierte: “Las sirenas tienen un arma más terrible que el canto: el silencio” (2000, p. 321). 

El silencio es una de las armas privilegiadas de Patrick Modiano, Premio Nobel de Literatura 2014. Dentro de sus obsesiones temáticas figuran la Ocupación de Francia por las Fuerzas del Eje (1940 – 1944), la búsqueda de la identidad y la lucha contra el olvido de personajes que tienen la condición judaica. Por la complejidad de estas cuestiones se pensaría que en sus relatos abundan crímenes de los nazis, campos de concentración, hondas digresiones sobre el exilio. Sin embargo, la maestría del autor francés reside en su capacidad de no nombrar directamente estas barbaries, sino hacerlas sentir en las atmósferas de sus novelas. Le importa auscultar el miedo y sus consecuencias en las conciencias de sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial, cuyos ojos siguen encallados en el pasado. Como resalta Norma Ribelles Helin, “el espectro del Holocausto surge de cada una de las novelas de Modiano, pero siempre inesperadamente y, sobre todo, sin ser nombrado de manera explícita” (2005, p. 86).

Los aspectos antes mencionados se abordarán a partir de una aproximación crítica a dos novelas del Patrick Modiano: La calle de las bodegas oscuras, publicada originalmente en 1978, ganadora del Premio Goncourt; y Reducción de Condena, cuya primera edición en francés fue en 1988.  Previamente se ofrece al lector una breve información sobre el autor, debido a que parte de  su biografía es refigurada en sus relatos.



Patrick Modiano, el Catoblepas



Patrick Modiano (1945), a diferencia de recientes Premios Nobel de Literatura (Tomas Transtömer, Mo Yan y Alice Munro), no era un nombre tan desconocido en el ámbito latinoamericano. No dependía de que el máximo galardón de las letras posibilitara su traducción y difusión en castellano. De hecho,  antes de anunciarse su distinción el jueves 9 de Octubre de 2014,  ya estaba disponible en bibliotecas y  librerías las siguientes creaciones: Domingos de Agosto, Dora Bruder, En el café de la juventud perdida, El libro de familia, Un pedigrí, Tan buenos chicos, Villa triste, El horizonte, Las desconocidas, Viaje de novios,  y otra decena de títulos.  Es famoso por la Trilogía de la Ocupación, integrada por sus tres primeras novelas, publicadas entre los veintitrés y veintisiete años: El lugar de la estrella (Premio Roger Nimier 1968), La ronda Nocturna (1969), y Los paseos de circunvalación (1972). Expertos en literatura europea aseguran que su obra –en su mayoría novelas breves- tiene más peso narrativo que la de Jean-Marie Gustave Le Clézio, el anterior francés en obtener el Nobel en  2008.

Modiano nació cuando culminó la Segunda Guerra Mundial. No vivió la Ocupación de Francia, pero la mayoría de sus narraciones tienen que ver con ese acontecimiento trágico. La pregunta por los orígenes y hechos traumáticos que antecedieron su nacimiento se detecta en sus ficciones. Dichas ficciones tematizan hechos autobiográficos: una niñez difícil por la ausencia de una madre que mantenía en giras teatrales y un padre que huía por tener negocios ilícitos y provenir de una familia judío italiana. Esto se descubre, por ejemplo, en la novela Reducción de Condena. Es un escritor al que podría compararse con el Catoblepas, “mítico animal que se le aparece a San Antonio en la novela de Flaubert (La tentación de San Antonio).  El Catoblepas es una imposible criatura que se devora a sí misma empezando por sus pies” (Vargas Llosa, 1993, p. 23). Lo fundamental es que los hechos autobiográficos -raíz de sus relatos- están en los intersticios de sus novelas, operan como un “striptease invertido” (p. 22), en tanto “en la elaboración de la novela, iría vistiendo, disimulando bajo espesas  y multicolores prendas forjadas por su imaginación aquella desnudez inicial, punto de partida del espectáculo” (p. 22). Además, sus ficciones involucran sujetos colectivos: franceses judíos que falsificaban documentos para ir a otras latitudes y burlar a la Gestapo con sede en París; franceses evasionistas que, en vez de la resistencia, gastaban las horas en fiestas, tertulias y actividades culturales de temas distintos a su presente histórico. He ahí la importancia de Modiano: “hace existir lo que la amnesia voluntaria quisiera borrar. Su mérito reside en ser retro antes que nadie y hablar de la Ocupación cuando todo París sufría las revueltas de Mayo de 1968. Para él, los Gestapistas de la rue Lauriston eran mucho más reales que las barricadas de la calle Gay-Lussac” (Ribelles Helin, 2005, p. 92).



La calle de las bodegas oscuras



La calle de las bodegas oscuras es una novela de detectives que no maneja una estructura tradicional: crimen - investigación - descubrimiento de la verdad - castigo de los culpables.  El detective no debe resolver un asesinato, sino su propia amnesia. Viejo y solitario queda sin casos pues su jefe (Hutte) cierra su oficina. ¿Qué es una vejez sin recuerdos? El protagonista nunca se obsesionó con la pregunta pues durante los diez últimos años su trabajo ocupó su mente. Apenas sabía que Hutte lo había encontrado sin memoria y le dio documentos de identidad a nombre de Guy Roland. Durante la investigación se aferra a fotografías y testimonios que encuentra a su paso. Tras varias desilusiones –creer que es una persona y luego comprobar que no era cierto- llega a una verdad a medias: antes de ser Guy Roland tuvo una identidad falsa (Pedro McEvoy). Ocultaba su condición judaica de las pesquisas de la Gestapo. Estuvo enamorado de Denise Coudreuse, con quien intentó cruzar la frontera Franco-Suiza. Fueron engañados por hombres que prometían ayudarlos a huir a cambio de dinero. A él lo abandonaron en medio de la nieve. De ella nunca se conoció su paradero. Así cierra la novela, con un final inconcluso en el que los misterios no se resuelven: ¿Cuál era su verdadero nombre, país de origen y padres? ¿Qué pasó con Denise? ¿Por qué quienes estafaban a los que huían de los nazis nunca fueron investigados?

La narración en primera persona hace más cercana la angustia del protagonista en su lucha contra el olvido. La necesidad de una identidad y una memoria sumerge al lector en el pacto ficcional. Para hacerlo creíble, Patrick Modiano inserta archivos, informes policiales, registros telefónicos, fichas de datos y documentos que usan los investigadores. El final, ajeno a aquellas novelas de detectives donde las preguntas se resuelven, es cercano a la vida de tantas personas de pocas certezas y demasiadas dudas, aporías y sinsabores en el ansia de verdades y justicias. Pareciera que de principio a fin el protagonista de La calle de las bodegas oscuras estuviera marcado por las frases iniciales de la novela: “No soy nada. Esta tarde, en la terraza de un café, apenas una silueta transparente” (Modiano, 1980, p. 7).

Patrick Modiano logra en su novela que más allá del universo anecdótico, se sienta con fuerza la desazón de quien, por culpa de una guerra, ve mutilado su ser cuando lo privan de pasado y afectos.  Cuando la migración se debe a causas forzosas partir es una muerte lenta. El exilio es “un estado discontinuo del ser” (Said, 2005, p. 184), la “grieta imposible de cicatrizar impuesta entre un ser humano y su lugar natal, entre el yo y su verdadero hogar” (p. 179).  Más trágico aún es la existencia de alguien que debió huir y no puede habitar siquiera sus recuerdos. Eso hace más contundente la novela. La Segunda Guerra Mundial dejó al protagonista sin suelo firme para afrontar sus últimos días, “todo lo ha perdido, poco a poco, sus antepasados, su casa solariega, sus vestidos, su cuerpo, su rostro y, por encima de todo, ese bien precioso entre los demás: su propio carácter y, a menudo, su propio nombre” (Sarraute, 1956, p. 3).  Cuando mira una fotografía donde sale alguien joven que posiblemente es él, visita el sitio de la imagen e intenta disfrutar cada detalle, cada olor, cada objeto que quizás influenció su devenir; sin embargo, pronto descubre que siguió pistas falsas y nunca fue de él ese espacio que disfrutan sus sentidos. Ha resuelto vidas ajenas, pero la suya se mantiene en un silencio angustioso. Lo que encuentra de su pasado le genera perplejidades y tristezas.


Reducción de Condena



La novela tiene como punto de partida un epígrafe de profunda relación con la obra de Modiano. Dicho epígrafe corresponde a “Un Capítulo sobre sueños”, de Robert Louis Stevenson: “Los derechos que un hombre tiene sobre su propio pasado son aún más precarios” (citado por Modiano, 2008, p. 6). Se presenta, como en La calle de las bodegas oscuras, la idea de que al hombre contemporáneo lo pueden privar de todo, incluso de sus recuerdos.  En esta novela el narrador protagonista rememora los años de infancia junto a su hermano durante la Ocupación de Francia por las fuerzas de Hitler. Su identidad nunca se revela a los lectores, salvo su sobrenombre: “imbécil feliz”. La alegría de los juegos y de visitar castillos cuyos dueños nunca regresaron (el Marqués de Caussade) quizás sea la ignorancia de infantes que desconocían los exilios y desapariciones de perseguidos por los invasores germanos. Tanto el protagonista narrador, como su hermano, son criados por curiosos personajes que se dedican al circo y el baile. Su madre lo había abandonado a los diez años por ir de gira teatral a Suiza, Bélgica y el Norte de África.   El padre, de negocios oscuros, de vez en cuando lo visitaba. Los hermanos no alcanzaron a encariñarse con las mujeres que los protegían cuando éstas los dejan al cuidado de una vecina pues tenían sospechas de que la Gestapo allanaría el lugar. La casa es deshabitada antes de la llegada de los intrusos y cuando los oficiales alemanes y los soldados colaboracionistas preguntan a los niños por sus padres, éstos contestan que están muertos. La respuesta, más que un mecanismo de protección de la vida de sus progenitores, escondía la desazón de niños que, privados del afecto de sus padres, preferían una afirmación fulminante para evitar incómodas preguntas de otros niños y profesores.

Los castillos y casas que de una noche al amanecer son totalmente vaciadas por sus ocupantes insinúan al lector las devastadoras implicaciones del exilio, una “condición de abandono terminal” (Said, 2005, p. 179), del que “nunca se puede superar su esencial tristeza” (p. 179). La frustración de quienes, ante el dilema de huir o morir, parten sin la oportunidad de despedirse de personas queridas. El dolor de los que quedan: amanecer y encontrar que ya no hay hogar y no están los que enseñaron a amar, jugar y soñar con mejores tiempos. De ahí el apuro del protagonista narrador por visitar los sitios donde creció y tratar de responder qué pasaba con sus padres y amigos adultos mientras transcurría su infancia. Lo único claro era que los alemanes ocupantes prohibían estar en sitios públicos luego de las 8:00 p.m.  El miedo a la delación siempre estaba en los mayores. A los niños inventaban otras historias para no preocuparlos en su presente. El ocultamiento de la verdad, sin embargo,  estalla en interrogantes en la edad adulta, preguntas que, al igual que La calle de las bodegas oscuras, se convierten en abismos que crecen en la conciencia de personajes, obsesionados por sus orígenes y pérdidas.

Al  protagonista de Reducción de condena la sublimación no alcanza para apaciguar las heridas. Sus novelas no otorgan la felicidad suficiente para dirigir los ojos al futuro. No siente que la ficción sea una casa segura. Por más que provenga de judíos y sepa que “quien ya no tiene ninguna patria, halla en el escribir su lugar de residencia “(Adorno, 2006, p. 91),  percibe que “al final el escritor no podrá ya ni habitar en sus escritos” (p. 92). 



Apuntes finales


La búsqueda del pasado y de la identidad son ejes fundamentales en la narrativa de Patrick Modiano. Los protagonistas de La calle de las bodegas oscuras y Reducción de condena van a la cacería de recuerdos, pero los pocos que tienen solidez no son una tierra prometida para enorgullecerse, sino arenas movedizas de la melancolía. En su anagnórisis es fuerte el balance de pérdidas: padres ausentes;  seres queridos que huyen sin dejar rastro por la amenaza de ser descubiertos en su condición judía; amores de paradero desconocido en su intento de cruzar la frontera Franco-Suiza; el miedo durante la Ocupación Alemana.  Sobre esta recurrencia temática resultan iluminadoras las reflexiones del escritor español Enrique Vila-Matas:


Es precisamente esa precariedad la espina dorsal de toda la obra de Modiano: la obra de alguien que, aun consciente de la precariedad de sus derechos sobre el pasado, investiga sobre la luz incierta de sus orígenes, allí donde todo se derrumba, donde todo vacila… Eso hace de este autor un artista muy potente pero a la vez frágil, alguien que se mueve en un perpetuo muelle de brumas y que gira siempre sobre el vacío. De ahí que a veces quedemos hechizados, sin saber en qué punto exacto del muelle nos encontramos. En todos sus libros lo que nos anima a seguir es el misterio de su estilo, mientras lo tenebroso parece definirse de un modo lento, lo que puede producir momentos de desaliento en nuestra percepción de lo que sucede, como si condujéramos un bólido muy parsimonioso y sin ninguna visibilidad y sin saber si estamos al borde de una barranco o de una autopista. Pero eso le da a todo un toque incierto y atractivo (10 de Octubre de 2014).

         Curiosa seducción de la potencia y la fragilidad. La una del lado de la fuerza narrativa del Premio Nobel de Literatura 2014: la alta visibilidad de las escenas, su pulso en el lenguaje, el juego con el tiempo, la solidez de la arquitectura ficcional. La otra relativa a la existencias de personajes de vidas mutiladas, cuyos pasados resultan precarios, oscuros y enigmáticos. La carga trágica del contexto histórico -la Ocupación de Francia por las Fuerzas del Eje- reposa sobre un tejido narrativo donde las atmósferas poéticas, las insinuaciones y los datos ocultos evitan que los relatos caigan en  tonos lastimeros. Aunque el Holocausto, los exilios, censuras y crueldades de los nazis no se nombren frontalmente,  hacen parte de las atmósferas de La calle de las bodegas oscuras y Reducción de condena. Se intuyen por el miedo de los personajes. Están sin estar, finamente insertos en los silencios estratégicos de las novelas.



Referencias


Adorno, T. (2006). Mínima moralia. Madrid: Editorial Taurus.
Chejov, A. (2005). Consejos para escritores. Ciudad Seva, Hogar electrónico del escritor Luis López Nieves. Recuperado de: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/chejov02.htm
Kafka, F. (2000). El silencio de las sirenas. Cuentos completos. Madrid: Editorial Valdemar, p.p. 321-322.
Hemingway, E. (2002). Muerte en la tarde. Madrid: Alianza Editorial.
Modiano, P. (1980). La calle de las bodegas oscuras. Caracas-Venezuela: Monte Ávila Editores.
Modiano, P. (2008). Reducción de condena. Valencia-España: Editorial Pretextos.
Ribelles, Helin, N. (2005). La atmósfera de la Ocupación Alemana en las novelas de Patrick Modiano. Çedille,  Revista de Estudios Franceses, No, 1, Asociación de Profesores de Francés de la Universidad Española, p.p. 82-92.
Said, E. (2005).  Reflexiones sobre el exilio, ensayos literarios y culturales.  Barcelona: Editorial Debate.
Sarraute, N. (1967). La era del recelo: ensayos sobre la novela. Madrid: Ediciones Guadarrama.
Vargas Llosa, M. (1997). Cartas a un joven novelista. Barcelona: Editorial Ariel.
Vilas-Matas, E. (10 de Octubre de 2014). Modianesca. El País. Recuperado de: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/09/actualidad/1412875260_472898.html




Para citación:


Gaitán Bayona, J. L. (Febrero 2015). Del silencio y otras muertes en la narrativa de Patrick Modiano, Premio Nobel de Literatura 2014. Contratiempo, revista de cultura y pensamiento, No. 110, Buenos Aires (Argentina). Recuperado de:  http://www.revistacontratiempo.com.ar/gaitan_bayona_modiano.htm