sábado, noviembre 16, 2013

EL CARÁCTER INACABADO DE LA NOUVELLE EN SOLEDAD PARA DOS, PREMIO XXX CERTAMEN LITERARIO INTERNACIONAL ARGENTA 2013


Por Jorge Ladino Gaitán Bayona,
Profesor de la Universidad del Tolima,
Integrante del Grupo de Investigación en Literatura del Tolima,
Doctor en Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile,



En la nouvelle, “género a caballo entre el cuento y la novela propiamente dicha” (Cortázar, 1971, p. 406), a veces se encuentra que la historia narrada abarca apenas un cuadro de la vida donde interviene una situación difícil que pone a prueba la astucia y moral de los protagonistas. En este tipo de relato breve puede presentarse un final inacabado, en tanto da la impresión de que “la nouvelle no está terminada” (Shklovski, 2002, p. 132). Se trata de un “final ilusorio” (p. 132) en el cual,  más que focalizarse las acciones de los personajes, se cierra con la primacía del paisaje: “Habitualmente son las descripciones de la naturaleza las que dan la materia de esos finales ilusorios” (p. 132).  

Situación difícil, astucia, carácter inacabado y descripciones de la naturaleza son características visibles de Soledad para dos, nouvelle de 50 páginas, ganadora del Premio XXX Certamen Literario Internacional Argenta, celebrado en el 2013 en Argentina. Su autor es el  narrador y ensayista Jairo Restrepo Galeano (Lérida-Tolima, 1951),  antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia y Magister de la Pontificia Universidad Javeriana. Entre sus obras se encuentran Señales atendidas (novela, 2012), Otras esquinas (relatos, 2011), Narración a la diabla (novela, 2008), Cada día después de la noche (novela, 1996) y Ojos de arena (cuentos, 1983).

En Soledad para dos interviene como protagonista Anastasia, periodista cartagenera y exreina de belleza. Ella toma el riesgo de entrevistar en inmediaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta a un comandante de la guerrilla, quien busca mandar un mensaje al gobierno. Para llegar a la zona propuesta por el revolucionario hace un viaje en una deteriorada avioneta. Una tormenta obliga a aterrizar de emergencia en medio de la sierra. Anastasia y el astuto piloto que evita la tragedia (Jerónimo)  deben caminar largas horas hasta el sitio del encuentro. La adrenalina de enfrentar lo desconocido y los avatares de la supervivencia aproximan lentamente a los personajes, al punto de compartir sus hondos desencantos por  el sadismo de la violencia en Colombia y una cama en una cabaña abandonada. El final inacabado se da porque el narrador extradiegético elige cerrar el relato con el encuentro erótico de Anastasia y Jerónimo,  en vez de indicar si efectivamente se logró la entrevista con el comandante guerrillero; es como si, ante los horrores de la guerra y las excusas de quienes se autoproclaman redentores,  fuera preferible el goce de los sentidos.

La ambigüedad y erotismo del final se instauran con expresiones ligadas al agua. Esta tiene un “don íntimo” (Bachelard, 1993, p. 247) en el que interviene la fluidez del lenguaje y del deseo: “Olía a paja húmeda, a mar mezclado con sudor, a río brincando entre piedras musgosas” (Restrepo Galeano, 2013, p. 48).  La frase da cuenta del erotismo con sus levantamientos de prohibiciones (las de la guerra y del matrimonio). Carácter líquido que entraña liberación, diálogo de soledades,  ruptura con las seguridades de lo cotidiano (un hogar con un esposo cariñoso y rico),  catarsis de cuerpos que se entregan uno al otro en vez de prestarse a los  propósitos de los actantes bélicos, apertura a la incertidumbre donde el lector ni siquiera sabrá si la decisión de los amantes es dejarlo todo en el recuerdo de una noche o continuar porque en  el cierre de la nouvelle prima, no tanto la descripción de las acciones puntuales de seres humanos, sino la voluntad de la naturaleza: “Delante, oculto por uvas de la playa, cedros azotados por el viento, el océano. El oleaje que producía el río al batallar con el mar, los guiaba. Del lado izquierdo Buritaca. Adelante, en el horizonte, el cielo azul, el mar azul, el río azul. No había costuras entre ellos. Todo horizonte líquido para contener otro horizonte líquido” (p. 48).

La naturaleza ocupa un papel fundamental en  Soledad para dos. Es descrita con recurrencia a partir de la acumulación de metáforas, símiles, anáforas, enumeraciones y otras figuras retóricas pues, al fin de cuentas, entre ella y los personajes opera un juego de espejos donde los estados del alma tienen una conexión profunda con lo que pasa en el paisaje. En esa atmósfera bucólica los elementos están dotados de gestos que repiten actos humanos como se descubre en prosopopeyas de este tipo: “la fuerza del agua peinando piedras y azotando el silencio” (p. 31). Dicho lenguaje  poético entraña un desafío puesto que posibilita la belleza y el fluir de la historia narrada, pero también puede llevar a momentos donde  la descripción exuberante de la naturaleza hace que, en ciertas escenas, se sature de idilios el relato.

El idilio y la exuberancia del lenguaje se quiebran (dando una nueva fuerza a la nouvelle) cuando el narrador da paso a los diálogos de los personajes. Estos reflexionan cómo lo que contemplan maravillados en la sierra está ajeno a la mayoría de colombianos por culpa de hombres que hacen lucir peligrosas las montañas con el “aspaviento de las armas” (p. 32). El relato se carga de país cuando los protagonistas lanzan sus dardos a guerrilleros, paramilitares, políticos y hasta religiosos que se “disfrazan de apóstoles, de santos” (p. 33) para manipular conciencias, conseguir adeptos y emprender “cruzadas que al final no son más que búsqueda de poder” (p. 33).  Lo espantoso es que las fuerzas en conflicto terminan hermanándose cada vez que  llegan a puntos de barbarie en los que olvidan sus horizontes ideológicos y disfrutan con los desplazamientos, miedos y muertos que dejan a su paso: “Pequeños dioses, y sus sacerdotes, que se deleitan y se  excitan con la humareda del holocausto, con el olor de la sangre, con el mugido estentóreo de la vida acorralada” (p. 40).  Subyace en el texto narrativo de Jairo Restrepo Galeano la idea de que  la obsesión de vencer a un enemigo convierte al sujeto  en lo que más odia, bien lo advirtió Nietzsche en Más allá del bien y del mal: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo” (1983, p. 148).

La nouvelle de Jairo Restrepo Galeano no cae en panfletos ni simpatías por izquierdas o derechas totalitarias. Anastasia y Jerónimo ponen en entredicho el concepto de héroe; no creen en redenciones sociales ni caminos donde sangres y muertos justifiquen que los nombres de los combatientes deban instalarse en la memoria colectiva. Es una ficción donde late el escepticismo político y el juicio crítico contra la violencia y sus eufemismos: “Entonces nos detendrán, dirán ellos; nos secuestrarán, diremos nosotros” (p. 37).  Se pone al banquillo la historia de un país corrupto de mentalidad aún inquisitorial (como la España contrabarroca que lo conquistara) donde muchos  operan con la vieja consideración de que “lo que no está conmigo, está en contra mía” (p. 42) y todo vale por una causa en la que irónicamente se destruye lo que se dice proteger: “Me desconcierta saber que el hombre inmola al hombre para defender al hombre” (p. 41).

En Soledad para dos (2013) el autor tolimense logra que fondo y forma se unan en su carácter inacabado. Inacabado es el final donde el narrador guarda silencio frente a la suerte de sus protagonistas e inacabada es la violencia de Colombia cuestionada en las 50 páginas de una nouvelle en la que se funden la agilidad del relato, los recursos poéticos y las agudas reflexiones sobre el conflicto armado. El narrador erotiza la naturaleza y el lenguaje afirmando la idea borgesiana de que sólo existe una justificación estética de los males y que los horrores de la historia solamente se entienden cuando derivan en arte, pues, como bien lo señaló Mallarmé, “el mundo existe para llegar a un libro” (citado por Borges, 1960, p. 40).



Referencias


Bachelard, G.  (1993). El agua y los sueños. Bogotá: Fondo de Cultura Económica.
Borges, J. L. (1960). Otras inquisiciones. Buenos Aires: Emecé Editores.
Cortázar, J. (1971). Algunos aspectos del cuento. Cuadernos hispanoamericanos (255), revista mensual de cultura hispánica, Madrid, p.p. 403- 416.
Nietzsche, F.  (1983). Más allá del bien y del mal. Barcelona: Ediciones Orbis.
Restrepo Galeano, J. (2013). Soledad para dos. Buenos Aires: Editorial Argenta.

Shklovski, V. (2002).  La construcción de la nouvelle y de la novela.  Teoría de la Literatura de los formalistas rusos. Jakobson, Tinianov,  Eichenbaum,  Brik, Shklovski, Vinogradov, Tomashevski y Propp.  México: Siglo Veintiuno Editores, p.p.  127-146.

miércoles, noviembre 06, 2013

“DESPIERTA DE UNA VEZ”: PALOSANTO DE ENRIQUE BUNBURY

Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
(Profesor de la Universidad del Tolima,
Integrante de la Tertulia Tinta de Búho


Bunbury, peregrino de canciones y libros (no en vano su nombre artístico lo toma de un personaje de la novela La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde) nunca se queda quieto en una sola propuesta estética. Sus discos no son simples variaciones de un mismo concepto. Por eso, luego de Licenciado Cantinas (un álbum donde hace sus versiones de clásicos populares de la música latinoamericana), sorprende con Palosanto (2013), un disco de rock que oscila entre una lectura mordaz del mundo contemporáneo y la mirada interior que indaga los sentidos del amor, de la solidaridad, del propio arte y de una conciencia crítica frente al pasado pues “cada esquina / nos devuelve nuestra historia”, tal como lo indica en el tema “Plano secuencia”.

Varias canciones del más reciente disco de Enrique Bunbury tienen letras de una cuidadosa elaboración poética, por ejemplo “Noticias imperiales”,  donde se encuentran versos como “riega mis desiertos / de cuerpo prestado”. En dicha canción pareciera advertir que en las cosmogonías antiguas hay muchas enseñanzas valiosas para los problemas de hambre y destrucción de la naturaleza que agobian el presente. De ahí que invite a revisitar los tiempos del mito y de los rituales aztecas: “…y las alas de tus pies / de plumas de Quetzal / recaudadas en ofrendas”.  Para el artista español, en vez de las épicas que han hecho “de la historia un fraude”, es primordial romper con los nacionalismos y no olvidar cuanto horror provocaron los Cortés, Aguirre, Pizarro, Fujimori o Pinochet; todos ellos apellidos monstruosos a los que se hace el ajuste de cuentas en la canción “Hijo de Cortés”: “No me digas hijo de Cortés / no digas más palabrotas / que Moctezuma jamás se vengó / de este vuestro hermano sincero o idiota”.



Resulta fundamental resaltar que la belleza de Palosanto se funda en la embriaguez sonora de sus canciones: el rock se enriquece con elementos sinfónicos y hasta el  góspel de un trio de mujeres. Su belleza posibilita, a la vez, una  reflexión sobre la historia (el eco de los horrores de la Conquista y las dictaduras en Suramérica) y un presente donde las manifestaciones y protestas se toman las calles para denunciar múltiples crímenes económicos, sociales y culturales de la globalización. Justamente el primer tema del disco se titula “Despierta” y en él –como lo sugiere igualmente el video musical- es necesario romper con una vida zombi que repite en el confort de la casa lo que dicen los aparatos titilantes (televisores y tecnologías que ponen la virtualidad por encima de la experiencia): “Despierta de una vez / respira / y bébete el aire”. El mismo Bunbury ha reconocido que durante la composición del álbum las expresiones rebeldes estallaban en varias geografías:

En los tres años en los que estuve escribiendo el material que configura este álbum, el hartazgo y alienación llevó a jóvenes y no tan jóvenes, a salir a la calle a manifestar el descontento y desencanto, en México, España, Chile, Colombia y USA. En Grecia, en Túnez, en Inglaterra y en tantos otros lugares del mundo, simultáneamente. Intenté hacer un disco social y dar voz a un sentimiento general, pero he vuelto a hablar de mí mismo y de cómo lo viví y sentí. Divido el álbum en dos partes: La primera, musicalmente más digital y tecnológica, abarca el inicial entusiasmo, el cinismo de algunos, la desesperación y negatividad de otros y la lógica conclusión de que ninguna revolución triunfó sin derramamiento de sangre. La segunda, musicalmente más orgánica, es la mirada hacia el interior: el verdadero cambio sólo es posible en un círculo mínimo de amistad o de pareja, la validez y actualidad de la cosmogonía indígena, y la conclusión final de que el verdadero cambio empieza y acaba en uno mismo y que todo cambio, o es verdaderamente espiritual, o no lo es  (Bunbury, Palosanto: un modelo de ovni vintage de los cincuenta, 2013).


Palosanto, el octavo álbum de estudio en solitario del cantautor nacido en Zaragoza en 1967, es el fruto depurado de un artista que no olvida su condición de intelectual.  Por eso sus quince canciones no carecen de contexto, de malestar social,  lectura trágica del mundo y grito para dar vuelo otra vez a la rebeldía, tal como señala en “El cambio y la celebración”: “Muere un poco / para nacer mejor / de un parto doloroso / es el cambio y la celebración / te guía la luna / y te alimentas del sol”. Ellas están cargadas de gestos reflexivos; son una suerte de arte poética pues invitan a crear canciones que estén llenas de pasos, de caminos, de historias donde el sujeto individual se reconozca como sujeto colectivo, tal como advierte en “Prisioneros”: “Las grandes canciones / son las que necesitamos / al ritmo sincopado / de las suelas de tus zapatos”.  



Referencias


Bunbury, E. (2013). Palosanto. Ocesa. Distribuido por Warner Music Colombia.

Bunbury, E. (2013). Palosanto: un modelo de ovni vintage de los cincuenta. Página oficial de Enrique Bunbury. Recuperado de: http://www.enriquebunbury.com/


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Esta reseña figura también en la página oficial de Enrique Bunbury. Ver acá: