jueves, diciembre 14, 2006

KRAKEN FILARMÓNICO: SONIDO Y POESÍA CONFABULADOS EN LA BELLEZA

Por JORGE LADINO GAITÁN BAYONA
(Profesor de literatura
de la Universidad del Tolima,
jlgaitan@ut.edu.co)
KKK

“Aún podemos ser libres dentro de una canción”, indica Enrique Búnbury (exvocalista de Héroes del Silencio) en su canción Sácame de aquí. ¿Cómo negar la redención que ofrece la música -y el arte en general- frente al tiempo que graba en la piel su cansancio? Escudado en la belleza el hombre se recuerda hombre y algo en su conciencia desnuda lo que los ojos vedan. Acaso así vislumbra esos rostros espantosos de la humanidad donde el olvido labra sus infamias mientras nosotros (absorbidos por el consumismo, la globalización y las contradicciones de un mundo donde la modernidad fue sólo modernización) mutamos de seres a “humanas máquinas, enfermas máquinas, infestas máquinas”, como expresa Kraken en su tema Amnesia. No obstante, es claro que a la hora exacta del sonido, sorbo a sorbo, canción tras canción, la música funda la memoria y afina los sentidos. De ahí que todas las artes aspiren a ella, como anuncia Nietzsche, y no sólo se trata aquí del reconocimiento en torno a que sin armonía las construcciones artísticas desvanecen, sino también a la sagrada intuición de que -en palabras de Aldous Huxley- “después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música”.

Y es precisamente esa aspiración de armonía, conmoción, verdad y vuelo poético la que anima a quien crea música no como forma de supervivencia (la emboscada del hambre que lleva a sacar ritmos atrapatontos que agitan los huesos sin decir nada para mendigar un Grammy). A diferencia del mercenario, entronizado por los medios de comunicación, el artista no tranza con la ética, no prostituye sus principios y sabe que la buena música aspira a sobrevivir al instante. Y suele ocurrir a veces que la recompensa que el tiempo ofrenda al creador sea que en sus bellas canciones ya no sólo intervengan sus instrumentos convencionales, sino también aquellos que pertenecen al mundo sublime de la música clásica. Esto es precisamente lo que ha ocurrido con Kraken, la banda colombiana con 22 años de huella y camino que viene a ofrecer a los amantes del arte una obra sin antecedentes en la historia musical de país y del rock duro progresivo en Latinoamérica. Se trata de Kraken filarmónico, un disco compacto en el cual la agrupación de Elkin Ramírez se funde con la orquesta filarmónica de Bogotá para erigir un universo musical donde la belleza no sólo brota de la calidad literaria de los temas seleccionados, sino también de la intensidad y depuración que alcanza el sonido. Al fin de cuentas allí se armonizan más de un centenar de talentos entre integrantes de la banda, orquesta y coros de la filarmónica que se sabían destinados a la memoria con un proyecto en estudio lejos de afán, el compromiso comercial y las sensibilidades primarias. La dirección de la Orquesta Filarmónica de Bogotá corrió a cargo del maestro Ricardo Jaramillo, quien hace los arreglos orquestales de Lenguaje de mi Piel. Los otros arreglistas son Juan Monsalve, Camilo Pérez, David Castro, Ricardo Hernández, Javier Fierro y Luis Ramírez. Esté último, un joven de 26 años con una formación musical y un futuro prometedor, es, a la vez, el bajista de la banda, en la cual, junto a Elkin Ramírez (autor de las líricas, vocalista y líder), están Andrés Leiva (guitarrista), Carlos Cortés (batería) y Rubén Gélvez (teclado).

El sueño de Elkin por más de cinco años fue grabado en Bogotá en el 2006 en Estudio Audiovisión y la Estufa. La masterización se adelantó en Londres, nada menos que en Abbey Road Studios, un lugar mítico porque allí los Beatles, Pink Floyd y tantas bandas de culto configuraron su gloria. Con un concierto el 6 de diciembre en el Palacio de los Deportes de la capital colombiana se lanzó este disco filarmónico, cuya distribución es exclusiva de la Universal Music para nuestro país, Venezuela, Ecuador y Perú.

En Kraken filarmónico se encuentran 13 composiciones que brindan una interesante perspectiva de lo que ha sido la misma historia de la banda. Allí aparecen América, Después del final, Lenguaje de mi piel, Sin miedo al dolor, Méxica, Vestido de cristal, Revolución, Frágil al viento, No me hables de amor, Hijos del sur, No te detengas y dos canciones inéditas que figurarán en el próximo disco de Kraken: Amnesia y Extraña predicción. Esta última es una oda al amor, en la que la voz de tenor de Elkin, una orquestación casi épica y unas imágenes poéticas que conmocionan la sensibilidad y el intelecto, nos recuerdan que el amor que confronta y alienta -el mismo que nutre el arte y la confianza en una Latinoamérica distinta en su realidad política- es la guarida perfecta contra la indiferencia y el camino idóneo hacia nuestra humanización “porque solo el amor nos convierte en amor (…) amor conocido, con alma de infante, guardián de la nubes, hogar de los siglos, amor faraón, proverbio en los labios”.

En Kraken Filarmónico la batería, la guitarra, el bajo y los teclados se confabulan con violines, violonchelos, percusión, trombones, violas, contrabajos, flautas, tuba, trompetas, arpa y piano para instaurar una atmósfera hechizante donde la voz de Elkin Ramírez (escoltada por un coro de sopranos, contraltos y tenores) conmueve, seduce y recrea los sentidos. De esta forma, se genera esa posesión maravillosa de la que hablara Robert Browning: “quien escucha la música siente que su soledad, de repente, se puebla”. Desde la primera canción del disco (América, un himno que afirma la riqueza simbólica y cultural del pasado precolombino), se ingresa a un espacio donde la belleza teje sus canciones para configurar un universo estético que no puede sea ajeno a quien abreva en la buena música, porque en ella, la intensidad poética embriaga y sublima el sonido para anidar en la piel líricas, ecos y memorias que reivindican la vida frente al vértigo de una historia y una “civilización” donde, extrañamente, el progreso sólo afina la barbarie.